jueves, 21 de abril de 2011

Fui, soy y seré madridista

Esto sí que es orgullo. El orgullo de vestir una copa de blanco. El orgullo de que el goleador celebre nuestro gol en territorio enemigo. El orgullo de sentir de nuevo la gloria. El orgullo de dominar el balón en más de 100 minutos de sufrimiento. El orgullo de ser madridista.
Sentir que los poros de tu piel respiran aire de campeón, que tu frente expulsa sudor de amor por tu equipo, que sin quererlo se escapa una lágrima de tu rostro al celebrar el gol, nuestro gol.
Porque nosotros, los madridistas, tuvimos que esperar dos temporadas sin que ninguna Copa fuera alzada por nuestro capitán. Pero, la maldición se asustó, voló y se evaporó. Nuestro campeón del mundo y capitán mostró la Copa de nuestro Rey al cielo, a las estrellas. Porque ellas hoy brillan como nosotros...nítidas y blancas.

La Cibeles viste con un manto especial. ¿Cuál? La bandera de nuestro escudo, millones de leyendas unidas con líneas, círculos y una corona. La corona. Quizás por ello la hemos ganado, quizás sea la Copa que le falta a nuestra corona. Quizás...quizás...no, lo es.
Porque simplemente nosotros nos la merecemos. Porque la primera mitad la enamoramos nosotros y ¿la segunda? la segunda no obtuvo decisión hasta aquel minuto en el que el Ángel del equipo centra hasta casi el punto de penalti y aquella bestia cruza su mirada, impulsa todas y cada una de las articulaciones y el mundo se para. Todo circula entorno a la esfera. Pinto estira toda su musculación sin resultados, el balón ya descansa enganchado en manos de la red. El madridismo explota, la marea azulgrana lamenta. Los blancos disfrutamos de la gloria, porque hemos llegado a ella.

Como dijeron hace algunos días, "Españolitos", disfrutemos de nuestro título. Porque nunca dejaré de repetir: quien se esfuerza es digno de hacerse con la victoria. Y nosotros no solo hemos enamorado a la victoria, hemos seducido a todo un título.

sábado, 16 de abril de 2011



Llegó nuestro turno. Como si un pequeño suspiro nos empujara para conseguirlo. De repente, llega alguien y te lo destruye. Un solo silbato, un soplo de aire, un gol y adiós a millones de sonrisas. Todo gira 180 grados. ¿Tus esperanzas? Se evaporan...
Pero ¡no perdimos la esperanza! No dudamos que este Madrid nunca dejará de jugar en verso, escribiendo rimas, estribillos, estrofas y millones de poemas en cada jugada. Porque este Madrid no se rinde. Tan solo notar la carencia de uno de ellos y empezar a dominar.
Ahora es nuestro silbato, nuestro soplo de aire, nuestro gol. La red tiembla y la esfera baila. Porque el equipo nunca dejará de ser un campo lleno de estrellas, como recalcó Plácido Domingo. Porque todo un equipo, todo un Estadio y toda una afición ha gritado, sufrido y llorado por él, sin cansarse nunca de hacerlo.
Y lo más importante no es solo que hemos tapado al rival, sino que dejamos sin aliento al mejor equipo actual del mundo, al intocable. Lo hemos hecho. Tres años de desesperación y acabar con ella de 10 segundos.

Gracias, Real. Por llenar mi corazón de orgullo, por empujarme para llegar a la gloria, por no avergonzarme de ti. Porque nunca dudaré que siempre alguien nos ayuda, y no precisamente los árbitros sino las estrellas que brillaron en el equipo y que nos dejaron sin avisar.
Juanito, tú, leyenda del presente. Tú, que nos ayudas a cada instante. Tú que nos invitas a la victoria. Te notamos tan lejos pero a la vez tan cerca. Te añoramos.
"Hasta el final, vamos Real" dice la rima. Y llegaremos, el final nos abre sus brazos. Porque aquel que se esfuerza es el que enamora a la victoria