
La manita, aquella famosa e imborrable manita. Una vez más, los azulgranas muestran sus valores: orgullo y esfuerzo. Con la ironía en primer lugar, por supuesto.
Comienzo a creer que pueden transcurrir los días, meses, años y décadas en las que utilizarán aquellos cinco dedos a lo alto. Pensemos en positivo, quizás sean sus valores, sobre los que reinan el esfuerzo y el respeto. Sin olvidar la agradecida ayuda del equipo arbitral, donde demuestran el gran esfuerzo. Aquellas hermosas palabras, vocales y consonantes que pronunció el entrenador del equipo de los valores en la rueda de prensa madridista hacia el entrenador del equipo de las 9 Copas de Europa, sin dejar atrás el atractivo adjetivo con el que bautizó Busquets a Marcelo.
Lo que sí es imborrable es aquel respeto de Piqué hacia su patria, bandera y Rey, el español. Porque, aunque jamás digne sus palabras a admitirlo, su sangre nació en España, creció en España y quién sabe si acabará en España. ¿Duele, Piqué? Quizás no sea dolor, rabia es la más apropiada.
Porque tú eres el creador de la manita, del abanico de tus valores, maravillosos e incansables valores.
Simplemente me encantaría escuchar tus respuestas a estas preguntas: ¿Qué sientes al jugar en la Selección Española? ¿Qué sientes al rozar aquella camiseta? La que te hizo campeón..¡ah! no, perdón, tú no te sientes de este país.
Inocente Piqué, no nos pudisteis robar la Copa de nuestro rey, está en casa, con su familia, arropada...
¿Cuál es vuestra excusa? ¿La caída de la Copa desde el autobús? Esa Copa acabó en mejores condiciones de cómo te dejó el Señor Sergio Ramos aquella noche. Padeciste de dolor y envidia. ¿Por qué, Piqué? No te importaría nada, si no era tu Copa.
Incrédulo Piqué, Sergio Ramos cogió el capote y te dio una corrida que te costó creer. Ahora, desde aquí, guarda tu manita...o quizás no...muéstrala, así sois conscientes de cuántas os quedan para alcanzarnos.
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