sábado, 15 de enero de 2011


Ahora sí existe Kaká. Ahora nos deslumbra a todos. Ahora es el Santo. Ahora no es necesario venderlo. Ahora sí, ¿no?. Antes no. Antes no se encendía su luz, no llegaba a ser un Santo, ni siquiera a pronunciarse. Y, sobre todo, antes era IMPRESCINDIBLE tacharlo y borrarlo del Club blanco.

Nunca desaparecerá la injusticia que a este jugador le han tirado. Ahora es cuando, cientos de personas, se esconden bajo piedras tragando su pésimo y asqueado pensamiento. Aquel pensamiento que hundía por completo al nuevo Santo del Real Madrid. Ahora es el momento de pedir perdón. De la autodecepción. ¿Por qué? Porque no hay explicación de adelantar una afirmación sin tener escusa. "Kaká es pésimo, hay que venderlo. No hace nada. Es malíiiiiiiiiiiiiiisimo". ¿Lo recordáis, incultos?. Ricardo Kaká no deja de sellar bocas. Y además, de una manera muy especial y elegante...es un sello deslumbrante, el gol. Sus dientes pasean orgullosos de conseguir lo que el tiempo le exigía y seguirá exigiendo.


Como bien cuenta el dicho "Nunca digas nunca". Nunca digas que Kaká no hace nada, que lo deja de hacer, que si nunca lo hará. Yo, únicamente, quisiera dar un pequeño consejo. La próxima vez, mide tus palabras. Algunas no se controlan y traspasan el límite.

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