
Parece uno de esos momentos en los que te juegas todo. En los que, tras años de sacrificio, pierdes o ganas el número 1. El que decide quién es el mejor.
"Cesc acelera el ritmo por la parte central del campo. Decide cambiar la posición del balón y la pasa a Torres. Torres dispara a Iniesta pero un defensa holandés lo interrumpe con su pie. El rebote cae en Cesc. Ve a Iniesta sólo. La pasa. Iniesta chuta al segundo palo y.¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOL!!!"
Éste fue nuestro único momento. El que decidió el puesto más deseado futbolísticamente.
Apenas minutos más tardes, se proclamaba el campeón mundial. Nuestro eterno capitán se colaba de entre sus compañeros para elevar esa copa al cielo.
Españoles, nuestro deseo se ha cumplido. Lo hemos tocado, hemos llegado hasta él. Hemos derrotado países para callar a los que menos nos creían. A los que lloraban de la risa al emocionarnos mostrando nuestro orgullo. Ahora no tienen letras, palabras ni libros en los que reírse. Tienen lágrimas de qué arrepentirse.
Gracias, campeones, por hacernos sufrir. Por hacernos recordar ese 11 de Julio como "El día español". Por pintar al mundo de rojo y derrotar a los naranjas, blancos, roja chilena...Sencillamente, somos el color permanente, fosforito, el que daña la vista de los más fuertes. Del que nadie imita su juego.
Nosotros tenemos cosas con que disfrutar y con que presumir. Y una de ellas, la copa del Mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario